Convivir en vez de enfrentar

Recientemente, ante la necesidad de recurrir a profesionales originarios de países que desconocen el castellano para paliar el déficit de personal sanitario en distintos servicios del sistema de salud, se remarcaba en este mismo periódico la necesidad de asegurar que estos profesionales tuvieran un conocimiento suficiente del castellano para relacionarse con los usuarios en esta lengua. Tal exigencia era considerada una cuestión evidente. Sin embargo, no sucede lo mismo cuando hablamos de promocionar, que no imponer, el conocimiento y uso de las demás lenguas oficiales en aquellas Comunidades Autónomas con lenguas propias.

El castellano, y me alegro de ello, no es una lengua perseguida en aquellas comunidades que, como la catalana, vasca o gallega, pretenden promocionar lenguas que en largo tiempo han sido postergadas, perdiendo, debido fundamentalmente a esa circunstancia, hablantes y ámbitos de uso. ¡Qué no necesitarán para su pervivencia y desarrollo el euskera, el catalán o el gallego, lenguas minorizadas, si el castellano, lengua vigorosa, necesita de especial protección!

La política lingüística del Gobierno Vasco se sustenta en el reconocimiento de derechos lingüísticos iguales con respecto al euskera y al castellano a todas las personas de nuestra comunidad, y la atribución de las consiguientes obligaciones a los poderes públicos para que los derechos reconocidos puedan ser ejercidos realmente de manera progresiva, atendiendo a la diversidad sociolingüística del país. También el castellano es nuestra lengua. Tenemos dos lenguas oficiales, y trabajamos para asegurar el conocimiento y uso de ambas, no sólo de una. Es una obligación constitucional, y es un factor de riqueza que se corresponde con la voluntad de la inmensa mayoría de la sociedad vasca. Nos gusta sumar y convivir, no restar y enfrentar. Si la ciudadanía vasca y los poderes públicos no promovemos y apoyamos con especial intensidad el euskera, ¿quién lo va hacer?

El monolingüismo, incluso castellano, no es un derecho, es una limitación. Alardear de monolingüismo en sociedades bilingües y en un contexto europeo que pretende fomentar el conocimiento de las demás lenguas de la Unión, es un anacronismo propio del pasado. Alardear de las bondades de promover el conocimiento del inglés, al tiempo que se da la espalda a las lenguas oficiales de un Estado pluricultural y plurilingüe, resulta una insalvable contradicción.

Las lenguas son instrumentos para la comunicación entre personas, y fortalecen la identidad plural y abierta de nuestras sociedades. El Gobierno Vasco fomenta el euskera porque es la más débil, y para que todos los hablantes tengan, además de los mismos derechos, las mismas oportunidades de uso. Porque en la medida en que las personas tengan iguales oportunidades, también para el uso de las lenguas, conseguiremos una sociedad más igualitaria, más cohesionada y vertebrada, neutralizando, de paso, toda posibilidad de enfrentamiento. Lo nuestro es la democracia lingüística, nunca el darwinismo lingüístico que confunde lengua “común” con lengua “única”, y en nombre de una supuesta defensa de la lengua hegemónica pretende imponer ésta como única lengua, lo cual constituye una actitud excluyente contraria a la convivencia que anularía la rica diversidad lingüística y nos trasladaría a la época preconstitucional.

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